Después de las calorías y de los tres macronutrientes principales —proteínas, grasas e hidratos de carbono— llegamos a la cúspide de la pirámide: agua, fibra y micronutrientes.
Al estar en la parte superior, estos tres elementos no influyen tanto como los anteriores en los resultados visibles a corto plazo. Pero sí marcan una gran diferencia en cómo te sientes, cómo rindes y cómo funciona tu cuerpo en el día a día.
No son el punto de partida, son el remate.
Qué son los micronutrientes y por qué importan
Cuando hablamos de micronutrientes nos referimos a vitaminas y minerales.
Se llaman “micro” no porque sean menos importantes, sino porque el cuerpo los necesita en cantidades mucho menores que los macronutrientes, aunque siguen siendo esenciales para la vida. A diferencia de proteínas, grasas e hidratos, no aportan energía, es decir, no tienen calorías.
Participan en procesos como:
- La producción de energía a nivel celular
- La contracción muscular
- La regulación hormonal
- El funcionamiento del sistema inmune
- La salud ósea
- La transmisión nerviosa
Sin suficientes micronutrientes, puedes estar comiendo las calorías adecuadas y la proteína necesaria, pero tu cuerpo no funcionará de forma óptima.
Es importante entender también que los micronutrientes se obtienen mayoritariamente de lo que comemos, no tanto de lo que bebemos. Frutas, verduras, legumbres, frutos secos, carnes, pescados, huevos y lácteos son las principales fuentes. El agua puede aportar algunos minerales en pequeñas cantidades dependiendo de su composición, pero no es su función principal.
Por eso, la calidad global de tu alimentación importa.
La fibra: más que «visitar al Sr. Roca» 💩
La fibra merece un apartado propio.
Juega un papel clave en:
- La salud digestiva
- La saciedad
- El control del apetito
- La regulación del azúcar en sangre
Una alimentación con suficiente fibra suele facilitar digestiones más estables y menor tendencia a picos y bajadas bruscas de energía.
Existen distintos tipos de fibra (como la soluble y la insoluble) y cada una cumple funciones específicas. Es un tema interesante y más complejo de lo que parece, y lo abordaremos con más detalle en el futuro.
Por ahora, quédate con lo esencial: una dieta rica en alimentos vegetales variados suele cubrir adecuadamente tus necesidades de fibra. Por ejemplo, algo tan simple como añadir semillas de chía al yogur, a un batido o a la ensalada ya aporta una cantidad interesante de fibra.
Be water, my friend
El agua suele darse por sentada pero es básica. Estamos hechos de casi un 70% agua y no paramos de evaporarla respirando, por el sudor, etc por lo que es clave hidaratarse para reponerla.
Influye en:
- El rendimiento físico
- La digestión
- La concentración
- La regulación de la temperatura corporal
Una deshidratación leve puede afectar tu energía, tu claridad mental y tu capacidad de rendir en el entrenamiento. Sin una hidratación adecuada, todo lo demás funciona peor.
La buena noticia es que no suele requerir estrategias complejas. En la mayoría de casos, beber de forma regular a lo largo del día es suficiente.
Como reglas generales:
- La mayoría de adultos necesitan alrededor de 2 a 2,5 litros al día, aunque depende del peso y el tamaño corporal.
- Si haces ejercicio o hace mucho calor, necesitarás algo más.
- El propio cuerpo suele avisar: sed frecuente, fatiga u orina muy oscura pueden indicar que debes beber más.
Sin obsesionarse con cifras exactas, lo importante es mantener el hábito de hidratarte de forma constante a lo largo del día.
No hace falta complicarlo
Este nivel de la pirámide no suele requerir cálculos ni porcentajes exactos. De hecho, en muchos casos se cubre de forma bastante natural cuando la base está bien construida.
Priorizar alimentos variados y poco procesados suele garantizar una buena ingesta de micronutrientes y fibra. Y, en el caso del agua, con mantener una hidratación regular suele bastar.
De poco sirve obsesionarse con suplementos si la base no está bien trabajada. Los suplementos pueden tener su lugar en situaciones concretas, pero no sustituyen una alimentación variada y equilibrada.
El remate
Creo importante recalcar que este no es el punto de partida. Es el remate.
Es el nivel que convierte una dieta “correcta” en una muy buena. El que marca la diferencia en cómo te encuentras, cómo entrenas y cómo respondes al estrés diario. Pero para llegar a esa dieta «correcta» hay que cubrir primero los escalones anteriores.
No hace falta hacerlo perfecto, solo suficientemente bien y de forma constante. No es fácil, pero sí es simple. Tú puedes.


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